Pues se me ocurrió un cuentito chiquito que describe cómo me siento y mucho del origen de que esta página exista.

Imaginen ustedes que hay una bolsa oscura. Imaginen que adentro de la bolsa hay objetos esféricos que conviven en paz. Imaginen que de esos objetos esféricos algunos son canicas y algunos (menos) son corchos. Como la bolsa es oscura y todos conviven, ninguno sabe que hay diferencias entre ellos.
Pero llega un buen día en el cual es hora de sacar a los objetos de la bolsa y los echan asi nomás sin preguntar a un cubo de agua (como es cuento y me interesa hacerlo poético, digamos que los avientan a una pecera). Y ahi si, las canicas se hunden, los corchos flotan.
Y ahi es donde empieza a suceder que las canicas son felices amontonadas en el fondo y el corcho se empieza a dar cuenta de la “separación natural”. Y voltea hacia abajo y empieza a darse cuenta que sus amigos se quedaron ahi en el fondo y al principio está bien contento, pero luego se empieza a preguntar que porqué será que se siente tan solito.
Y empieza a nadar hacia abajo, y recupera a sus amigas las canicas y está acompañado de nuevo y se siente contento. Hasta que un día se da cuenta que le duelen los bracitos y las piernas de tanto esfuerzo que hace de estar nadando hacia abajo. Y lucha por quedarse allí porque no quiere regresar arriba, donde, tal vez haya mejor vista, pero ¡no están las canicas! Y la triste realidad es que no están las canicas ahi porque no les toca estar ahi. Y no importa cuánto luche y patalee el corcho, tarde o temprano acaba flotando porque ese es el orden natural. Y cede y regresa a la superficie.

El resto de la historia la cuento cuando la conozca, por el momento estoy dejando de luchar porque ¿saben qué? A huevo las cosas nomás no suceden.

Por cierto, yo sé que las connotaciones de usar las palabras “arriba” y “abajo” insinúan que me siento superior. La verdad es que no tanto, me siento diferente, pero si me hacen a mi canica y a los demás corcho, funciona igual el cuento.

En fin…

a.

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