Pues tengo, no una sino ¡dos! anécdotas de piñas. Je, je, je. Antes de regresar al blog original sobre el cumpleaños de Mafalda.

OK. Anécdota uno. Mi familia es de Mérida, así que varias veces nos hemos ido de D.F. para allá, en vacaciones y esas cosas. Como a mi papá no le gustan los aviones (bueno, supongo que si le gustan, nomás no le gustar ir dentro de ellos), nos lanzábamos en carretera. Sip, léanlo, son como friegomil horas, más cuando estás más mocoso y eres muy sensible a estar aburrida en espacios cerrados y en movimiento. Ah porque una característica de las salidas a carretera de mi papá es que vas al baño cuando él quiere ir al baño y comes cuando él tiene hambre. Pero bueno, lo que les iba a contar es que un mayo me fui con mi abuelo en camión. Como me daba flojera el viaje nocturno y casi nunca dormía bien en los camiones (ahora con la edad, es diferente, caigo babeando en cuanto avanza y me mece), pero como me daba miedo no dormir, pues me quedé despierta con mis amigos como 2 noches y me subí al camión feliz de ir ignorando a mi abuelo (no tan rudo como suena, pero dormida, pues). Mi abuelo, por cierto, es de esas personas que se sienta en el camión en el asiento #3, el que está estratégicamente colocado atrás del chofer y desde donde puede ir dando instrucciones de cómo manejar, qué camino tomar y dónde hay que frenar…. Pero regresemos a las piñas…. Íbamos como a medio camino, cuando me despierta para decirme “mira, no lo puedes ver porqué es de noche, pero tooooodo esto son plantíos de piñas”.

Ja, creo que no pegó. Cuando lo cuento en vivo es mucho más chistoso. Por cierto, confieso que hasta ese momento (y tenía como 19 años), creía que las piñas crecían en árboles. Bueno, por lo menos en arbustos. Hasta que me obligaron a ver la imagen mental de un pobrecito arbolito doblado ante el peso de una piña. En fin..

Ahora la anécodta dos, y a ver si esta me sale mejor.

Estaba en París desayunando con la mamá de mi mejor amiga (la mamá de Bruno, el de los chones de spiderman). El caso es que leo en la carta que había jus d’anana (anana es piña en francais), pero mi cerebro cansado de tanto Louvre (ja, creo que en ese viaje ni lo pisé), lo que leyó fue “jugo de banana” y lo que hace mi mente es ponerse a pensar “¿cómo demonio le sacan el jugo a una banana?”. “Caray, que avanzados son los franceses”. Hasta que me di cuenta, por la magia retardada de una neurona que despierta con pereza que “jus d’anana” es jugo de piña, así que me morí de risa. Todo esto enfrente de la mamá de mi amiga que siempre ha creido que soy una persona muy muy muy rara. ¿y quién soy yo para desmentirla? Así que mientras ella se volteaba a inocentemente preguntar si se me antojaba una crepa me ve leer la carta y destornillarme de risa de lo más uei y ¡en público!

Bueno, yo sí disfruté contándolo, je je je

Ya mañana les cuento lo de Mafalda porque muero de sueño. Pero ella cumplió 40 el 29 de septiembre. Yo cumplo 30 el 4 de julio del año que viene y ya ando planeando desde ahora la supermega pachanga, es mi modo de pintarle un birdie a la convención social de la “crisis de los 30″. Estén pendientes, a lo mejor hasta le caen a la fiesta.

=)

a.

anana

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