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Libros que me brincan a las manos

Hace ya casi 10 años (¡diosmiocomopasaeltiempo!) vivi en Barcelona, de intercambio de la universidad. Allá me fui y tuve la fortuna de encontrar muy buenos amigos. Un francés, que se llama Jean Rodriguez (y que no podía pronunciar bien la “r” de su apellido, fue uno de mis más cercanos cuatitos de allá,
Jean tenía una historia muy chistosa, su papá había huído de España y se había unido a la legión extranjera, literal. Confieso que hasta ese momento creí que la “legión extranjera” era un invento de caricaturas o algo así, recuerdo haberlo visto en la Pantera Rosa (¿alguien recuerda? creo que lo dice el inspector). De cualquier modo, era un chavo que te cautivaba con sus historias. Incluyendo haber vivido en Costa de Marfil, en Djibouti y en Trinidad (o Tobago, no recuerdo bien). Pero en ese año estaba viviendo en Barcelona, donde lo conocí, mientras yo estudiaba ciencias económicas y empresariales y él estudiaba urbanismo.

Total que el se regresó a Francia, vivía en Avignon, un semestre antes que yo me regresara a México, y unas vacaciones que tuvimos en febrero, un puente o algo así, me invitó a visitarlo. Así que me preparé para el viajecito en el tren yendo a comprar un libro para ir leyendo de camino. Y me fui a Barcelona ciudad, porque yo vivía en Bellaterra y me metí a una librería (duh) y me puse a buscar a ver qué se me pegaba.

Ahora bien, a mi me gusta leer, un buen. Aunque no lo hago con la frecuencia que quisiera. Leo de todo lo imaginable, bueno, no, de cualquier tema (casi) pero si soy medio particular a como está escrito. Así que tomo un libro, medio lo hojeo a ver si me captura la atención, pero reviso todo, cuánto pesa, cómo es la portada, cómo es la tipografía. ¿Ubican los libros de porrúa? Como los que te dejaban leer en la escuela??? Esas ediciones ¡las odio! Y así se me van pegando, digamos. Además que me suscribo a la escuela de que un buen libro debe de ser compartido, incluso si ello significa sacrificarlo (ya sea porque no lo vuelves a ver o porque a base de pasar de mano en mano irremediablemente acaba al borde de desarmarse).

Pero este día en especial me pasó por primera vez algo que me ha pasado tres veces más. Me brincó un libro a las manos. Literal. Bueno, casi literal, je je. Estaba ahi con muchos libros tratando de escoger uno, y en eso vi uno bastante grande (es como de 700 páginas en mi edición) de una autora que nunca había leído ni nada, simplemente vi que se llamaba “El Ocho” y lo tomé.

Tristemente, no puedo recomendárselos libremente como diciéndoles que es el libro que cambió mi vida y que cambiará la suya. Lo siento. Pero a mi me pasaron cosas muy chistosas. El libro se trata de una vieja que tiene que recuperar un ajedrez “mágico” digamos y en su camino va encontrando pistas y además te van contando una historia del pasado. Hay romance, aventura, personajes históticos en escenarios ficticios. O sea, si fuera película la describiría como “palomera”. Pero la historia, aunque en su momento se me hizo súper interesante, no es lo importante a este cuento. Sino lo que pasó mientras lo leí. Por ejemplo, el ajedrez es regalado por el Conde de Barcelona, yo estana allá en Barcelona. Luego describen cómo lo llevan de España a Francia pasando por los pirineos, vista a los pirineos que tenía yo en ese momento por la ventana. El romance, muy similar a uno que tenía yo en ese momento con un chavito que dejé en México, por cierto, guapisimo, pero una frase que le dice él a ella en el libro me la había apuntado este chavo a mi en la agenda que me llevé. Una de las cosas centrales en el libro es el juego binario de “nim”, que no sé si lo ubiquen, pero es el que dibujas una figurita más o menos así:

I
I I
I I I
I I I I
I I I I I

y la idea es que dos jugadores deben de turnarse tachando lineas, con la restricción de que puede ser o una o todas, pero siempre de la misma línea. Por ejemplo, de la primera no hay de otra más que eliminar sólo una rayita, pero de la tercera fila puedes elegir eliminar una, dos o tres rayitas. Gana quien deje la última rayita.
Tons esta cosa del “nim” es central al libro, y justo lo acabé de leer en Nimes, Francia (curiosamente sentada en uno de los arcos de piedra de un como mini-coliseo romano /plaza de toros que tienen por allá). Por cierto, Nimes en francés se pronuncia “nim”.

Como estas cosas que describo la verdad es que me pasaron varias más. Así que cada que dejaba el libro, para irme a dormir, por ejemplo, pensaba que por alguna razón “se me había aventado a las manos”.

Eso pasó en 1996 (¡ohdiosmiocomopasaeltiempo!). En 2002 me pasó lo mismo, pendejeando en un Barnes and Noble de Boston. Ya había comprado como $200 dólares de libros, es más venía pensando en que mi maleta de regreso iba a pesar un chingomadral (it did) ya había pagado, me estaba saliendo del lugar y en eso vi dos libros más.
Catch me if you can– que en ese momento yo ni idea de que iba a ser película.
The tipping point– que habla sobre cómo es que se forman las epidemias sociales, por ejemplo, las modas.

Ambos me fascinaron. El primero se lo regalé a un ex-alumno mío que tiene como la misma cualidad genial que el Abernathy.
El segundo se lo rolé a mi mejor amigo, ahora socio, para que viéramos como hacerle publicidad a nuestro negocio. Pero el segundo es de esos libros que lo que dice si se me pegó (a diferencia de tantos otros más).

en fin, todo este choro, sucede a partir de que el otro día buscando cambio de un billete para poder sacar mi coche del estacionamiento, pasé por un Sanborns y como me cansé de pedir que me lo cambiaran decidí pasar por una revista. Me compré la primera que vi, una que nunca había comprado antes, seguramente porque nunca la había visto antes. Me compré Fast Company, que es de negocios. De ahi la dejé en la bolsita, sali a mi casa, la dejé en el coche. La subi hace poco, y aun hace menos por fin la lei (como ven, cero urgencia). Y ¿quién está en la portada? Pues el mismísimo Malcolm Gladwell, quien escribió The Tipping Point que les menciono arriba y ahora está promoviendo su nuevo libro que ya está en mi wish list de amazon listo para ser comprado tan pronto se pueda.

Como sea, los dejo porque tengo que irme a pensar cómo es que estos libros y ahora revista me siguen persiguiendo y brincando a las manos.

En fin

a.

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Me estreno en Chilanga Banda

Pues verdaderamente casi chillé (ejem, ejem– dije casi) para conseguir una cuenta para escribir en Chilanga Banda, cosa que amablemente me fue concedida, por mi queridísimo amo y señor de Isopixel.

Así que después de darle vueltas a qué de todo lo defeño que me rodea e impresiona me decidí por unas fotos aéreas de un chavo que se llama Óscar y que es piloto. Ja.. ando como muy fanática de las fotos (ajenas). Como sea, los invito a checar el sitio, y de paso, mi post.

En fin

a.

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