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¿te conté la vez que?

Hace más o menos tres años decidí que ya había terminado de conocer gente. O sea, que llegaran a mi vida nuevas personas pero sólo a nivel muy superficial. Nada de permitir que me conocieran. Ya tenía una lista de muy buenos y muy cercanos amigos quienes nos reuníamos con cierta frecuencia así que ya no necesitaba más.

En ese momento era una decisión pensada y consciente.

Además, me dan mis épocas de ser bien payasa (hasta yo lo sé, je je je). Pero como que siempre tengo un dejo de certeza de que mi vida interior es mucho mucho más interesante que lo que me pueda decir otra persona. Así que, en general, ni les pongo atención, ni les dejo saber mucho de mi. Peor aún, le doy a cualquier desconocido minutos antes de decidir que no tiene nada interesante que aportar (y tiendo a medir a la gente en términos de inteligencia, ingenio y sentido del humor). Y con la misma velocidad confieso haber desechado a varios sin la más pequeña oportunidad.

Terrible.

Sea como sea, un día como que me falló y dejé pasar a alguien nuevo. Cerca, muy cerca. Digamos que eso no salió nada nada nada bien. Pero, abrió la puerta a que yo dejara de ser tan hermética todo el tiempo. Y me convertí en hermética part-time.

Paralelo a todo esto sucedió que mi fantástico y super unido grupo de amigos se ha ido separando, o más bien, se ha ido fragmentando. Mucho como consecuencia de los cambios de vida que han tenido (por ejemplo, casi todos ya se casaron, así que a las reuniones de “parejas” pues ya no voy). También pasa que se han ido de la ciudad, incluso del país. Y algunos que quedamos trabajamos y vivimos lejos, lo cual nos impide organizar reuniones muy seguido. Así que cuando nos vemos si es con muchísimo gusto y eso sí, nos llevamos excelente, como siempre, pero es muy ocasional.

Un día, me frené a evaluar mi vida y me di cuenta que me sentía como que mi círculo social se había hecho muy pequeño, y para colmo, viciado a consecuencia de la no-relación con el fulano que medio mencioné arriba. ¿Cómo sucedió eso? Pues a base de dejar que terceros y extraños opinaran en una relación (no-relación) donde cabían dos, no ocho o nueve. Es más ni dos cabían, pero esa es otra historia, el chiste es que se contaminó el grupo de amigos. Y fue hora de rediseñar.

Ahora si, move forward in time más o menos a donde estamos ahora. Empezando hace algunos meses, cambié mi disposición. Aún filtro a las personas con base a inteligencia, ingenio y sentido del humor, pero mi actitud a permitir conocerlos y vice versa ha cambiado mucho.

Antes era que yo decía mucho, “qué weba ponerme a explicarle a alguien nuevo quién soy, de dónde vengo y a dónde voy”, “qué weba explicar porqué hago lo que hago, porqué vivo como vivo, porqué pienso lo que pienso”, y frases por el estilo. Sin embargo, bien dicen que cuando Dios cierra una puerta abre una ventana, y cierto, a lo mejor abre la ventana para que te avientes por ella- broma- pero en realidad significa que un cambio de panorama puede traer recompensas inesperadas.

Así que tengo el orgullo y alegría de decir que nuevas personas me han permitido incorporarme a sus vidas. Escuchándome y escuchándolas, compartiendo chistes, anécdotas y vivencias de todo tipo. Por ejemplo, recientemente asistí a la reunión de bloggeros mexicanos, y confieso que con todo y que tenía mucha curiosidad de asistir me había resistido, parte por no perder la magia de imaginarme cómo es la persona que escribe tal o cual cosa, pero también por ese rollito de la interacción con desconocidos. Pero si fui y qué bueno, me la pasé muy bien, me rei mucho, me identifiqué con algunos. De menos, de menos conseguí nuevos amiguitos de messenger, quienes siempre son muy convenientes para las pláticas de madrugada e irnos conociendo mejor.

Pero este post no es sobre mis amiguitos virtuales-traidos a la realidad. Es sobre redescubrir lo chido (maravilloso) que es empezar a confiar en alguien, irte conociendo de a poquito y de a muchito. Reir de babosadas propias y ajenas. Y repetir muchísimo el “¿ya te conté la vez que?” sabiendo que nop, no me lo has contado aún, pero muero de ganas de saberlo.

Reconozco que esta experiencia no ermitaña me está saliendo ahora mucho mejor.

Ahora si, regresemos a nuestra programación habitual.

En fin.
a.

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Mi primera vez…

… usando el peje vial y su continuación pejesegundopiso.

La verdad es que yo como observadora curiosa de un fenómeno que sufrí muy poco (casi nunca paso o voy por donde se hizo la construcción de las peje vías) pues no había sido ni beneficiada, ni realmente afectada por el evento.
Pero hoy me aventé la ruta “Condesa- Luis Cabrera” y ¿saben qué? Si está curioso el animalito. Además divertido porque no había casi gente, así que 60 kilómetros por hora, como diría el Roffe: my ass!
Sólo que la advertencia es que por lo menos las primeras veces pues si hay que ponerle atención a la entrada y la salida.
Ojo con el “espectacular” que se convirtió el logo de televisa, pero WOW con la bandera en San Jerónimo.
Conclusión, qué bueno que casi no lo uso, pero me gustó la vista aérea. Je je je.

En fin

a.

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