Dicen que Dios nunca cierra una puerta sin abrir una ventana. El otro día estaba pensando eso mientras contemplaba renunciar a tener algo que he querido mucho y durante mucho tiempo. Claro que mi pensamiento más bien era por el estilo de “¿Qué pasa si no me gusta la ventana?”. Tal es el nivel de fijación con la “puerta”.
Tiempo despúes, pensando en escribir algo sobre esto, me acordé de una época que me dio por las puertas y por las ventanas. Cada que veía un cuadro que tenía una puerta o una ventana sentía una necesidad intensa de comprarlo. Nunca lo hice. Después me di cuenta que era porque trabajaba en promedio 12 horas al día, los 7 días d ela semana en una triste oficina cuya ventana daba a un interior. El mejor ejemplo de como pasar de foco a foco en un espacio de 2×3, tal vez más chico. Los muebles de esa oficina eran de madera oscura, silla negra, alfombra color azul mugre. ¡Con razón! ¿Quién en ese medio ambiente no se deprimiría?
El otro cuadro de una ventana que ha tenido un efecto sobre mí es uno que estaba en la pared en casa de Pablo (sip, Pablo el ex-amigo). Lo tenía en la misma pared donde estaba el mueble de la tele, así que si estabas en el sillón era imposible no verlo. Es un cuadro de una esquina de una casa, se ve la ventana oscura y la pared de madera que da hacia el jardín. Eso es todo.
Ahora bien, ¿cómo es que me afectaba? Pues, yo pasé mucho mucho tiempo en ese departamento, y muchas veces me imaginé ese cuadro, que me asomaba por la ventana y veía lo que había hacia afuera. Supongo que mi Alicia en el país de las maravillas particular. Supongo que algún día valdrá la pena escribir sobre qué es lo que veía del otro lado, pero por ahora no será.
El día de hoy tengo una oficina donde una de mis cuatro paredes, entera es una ventana. Eso me alegra. Aunque trabajo de vista a la puerta y de espaldas a la ventana (y eso que tengo “vista al mar”) así que valdría la pena, pero me distraería mucho y aun me precio de trabajar, por lo menos de vez en cuando.
Escribiendo sobre la vista al mar, me acordé de visitar en Ensenada la oficina de un amigo que tenía una verdadera vista al mar. Recuerdo llegar a su oficina en la mañana, y en lugar de sdaludarlo irme directo a asomar por su ventana. Esa si es una vista que valía la pena. Su oficina estaba en un edificio construido en una pequeña montaña (ni siquiera se el término geológico correcto) pero bueno, con la ventana hacia la bahía de Ensenada. Mi amigo me comentó que por lo menos una vez al año desde ahí podía ver las ballenas pasar en su bajada desde California. Y sentí envidia de poseer una oficina similar, pero luego se me quitó cuando me di cuenta que, incluso ante una vista tan intensamente bella, el trabajo te entumece de esa belleza de alrededor y la ignoras. Así como ignoras algo que ves diario, que ahí está.
adendum: http://www.cicese.mx/ No hay foto de la ventana que menciono, pero para quien quiera visitar el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada.
Eso es todo por hoy, me doy cuenta que no es lo más coherente, pero es lo que está.
a.
2 Responses to “Puertas y ventanas”

BIEN MI VIDA AHI LA LLEVAS, MAÑANA TE LEO OK?
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