Haciendo cuentas, llevo 17 años sufriendo la terrible tortura que indica fertilidad femenina. Para todos aquellos que no saben de qué hablo, los odio y los envidio. Y para todas mis compañeras de dolor, espero que coincidan en el odio, o por lo menos en el malestar. Recuerdo que leí en la primaria un librito que explicaba como era esto de “mis días” y había ilustraciones de unas niñas hablando y una decía “es incómodo, pero me gusta que me pase, porque me recuerda que soy una mujercita”. I wanna kill ze bitch. Y aun tengo que conocer a una chava de la vida real que me salga con la porquería de que “la disfruta”, lo más neutral que he conocido es un “no me importa”.
Así que como, haciendo cuentas nuevamente, me quedan algo así como veinticacho de años más de andarme encamionando mes con mes (con sus posibles suspensiones, pue’), en el mejor espíritu del chiste de “queremos ver a Dios” yo quiero esto.
En fin.
a.
Por cierto, en honor al feminismo y sufrimiento de mujeres a nivel internacional, chequen esto.

Me dicen