Seguramente gracias a un pequeño ángel que me cuida y que me protege, yo no tengo necesidad de usar el periférico… casi nunca.
Vivo literal cruzando la calle de donde trabajo, y esos son los dos lugares donde paso la mayor parte del tiempo.
Cuando salgo, no voy tan lejos, uso Periférico hasta Pedregal y de regreso (leeeeejos de donde está el peje vial y los segundos pisos). De vez en vez voy a San Jerónimo. Y por el otro lado uso Tlalpan que tiene sus complejidades normales.
Así que para mí el drama de Periférico es vía anécdota de quien si lo sufre, por ejemplo, pollito.
Y me entero por el periódico, las noticias, y la cara de desesperación de quien llega después de haber vivido esa tristísima odisea.
Así que lo inauguran ayer, otro tramo del segundo piso. Hoy en la mañana mientras me tomaba un rico latte caliente estaba leyendo notas del Reforma sobre ello. Y casi escupo mi café de la risa que me dio lo que leí.
el párrafo inicial de la nota es:
Vuelven doble piso ‘juguete nuevo’
Por Hugo Corzo
Grupo Reforma
Ciudad de México (25 enero 2005).- Del amor al odio, dicen, hay un pequeño paso. Para demostrarlo, los automovilistas del poniente de la Ciudad que suelen usar el Periférico, trayecto que padecieron hasta la histeria de sus cláxones, particularmente por las obras del segundo piso, abarrotaron anoche los carriles elevados para conocer la obra vial del Gobierno capitalino.
Y voy leyendo pensando, “ah pues si pasan del amor al odio pues a lo mejor es una obra que si beneficia” y en eso leo que mejoró la vialidad de los 13 km/hr en promedio a 20 km/hr en promedio.
Señores, yo encuentro gracia en todo aquello que es absurdo, permítanme les digo que eso es velocidad y no bromas.
Me dicen