Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

Jaime Sabines

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Hoy es de esos días donde las palabras ajenas siempre lo dirán mejor.



3 Responses to “10 de la mañana”

  1. wooo! o.O

    sucia!!! ^_^

  2. Lo mejor no siempre es lo más bueno….

  3. No tengo mucho que decir, solo que me parecio magnifico lo que pusiste.
    Y es verdad, muchas veces nos refujiamos de las palabras ajenas para hacerlas nuestras y vienen como anillo al dedo.
    Os felicito por darle un espacio, a este gran poeta Jaime Sabines.
    Un poeta del cual, yo como mexicano, me siento orgulloso de haberlo tenido.
    Me despido
    Os mando un gran saludo
    Bye

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