La verdad es que si me considero una persona romántica, que raya en lo cursi en ocasiones. En muchas ocasiones, pero siempre por provocación, casi nunca es espontáneo.
Sea como sea, la verdad es que el holiday del amor y la amistad se me hace tan chocante como el del día de las madres. En el sentido de que no debería de haber un sólo día para recordarnos de la importancia de los amigos o amores (ni de las madres, pal caso). Esa es la parte que se me hace triste. Por lo demás, pues me da igual el día y no lo celebro, ya sé yo que me brinca el gusanito de la celebración any day of the year y llego con dulces o tarjetas o mis famosísimos brownies o mando tarjetas electrónicas. Ya sabré yo como y sobre todo, cuándo, expresarme.
Así que hablaré de una de las tangentes de la fecha, o sea, Cupido. Pero no este:

Ni éste:

Sino el de la mitología.
Cupido, hijo de Venus, era considerado por los Romanos el dios del Amor y del Deseo. El equivalente Griego era Eros, hijo de Afrodita. Por cierto, Venus y la contraparte Afrodita son la diosa del Amor y la Belleza, haciendo desde tiempos inmemoriables la relación entre el amor, la belleza y el deseo, el campo de juego de artistas, poetas y humildes mortales.
Apuleyo, en su Metamorfosis, cuenta la historia de Cupido y Psique. Ella, la menor de tres hermanas resultó ser hermosa más allá de lo que las palabras podrían contar. Dicha belleza la convirtió en un fenómeno de admiración y miles de personas le rendían culto y homenaje a su belleza. Hasta que Venus se enteró, vio sus templos vacpios y le dio un ataque, “¿cómo es que una mortal recibe alabanzas destinadas a una diosa?”. Así que decidió castigarla. Para ello pidió ayuda a su hijo Cupido quien tenía espíritu juguetón y rebelde. Venus le encomendó a Cupido que se hiciera cargo de enamorar a Psique de un monstruo, el más feo que pudiera.
Asi que ahi va Cupido a llevar a cabo los deseos de su mami, pero oh sorpresa, resulta que Cupido mismo se enamora de Psique–pinchándose con su propia flecha–, pero no queriendo contradecir los deseos de Venus organiza una trampa. Psique estaba condenada por su belleza, recibiendo mucha atención, pero ninguna propuesta firme de matrimonio. Sus padres, preocupados, consultan al oráculo sobre el futuro de su hija y reciben como respuesta que el destino de Psique es no casarse con un mortal “sino con un dios, un monstruo incapaz de ser resistido por hombres y dioses”. Con las instrucciones de que su nuevo esposo la esperaba en lo alto de una montaña allá se fue Psique.
Resulta que Cupido es el esposo quien la está esperando. Le informa que es un monstruo y que por eso ella no debe de verlo y que sólo la visitará por las noches asegurándose así que ella no lo vea. Y Psique y Cupido empiezan a tener una vida muy feliz. Hasta que a Psique le da nostalgia de ir a visitar a su familia y baja a ver a sus hermanas.
Sus hermanas, dos, como las de otros cuentos, le aconsejan que mejor intente ver la cara de su esposo, en algún momento que éste esté dormido. Psique, la muy babosa, les hace caso. Y una noche prende una vela y por los nervios de asomarse a revelar la identidad de su esposo, derrama un poco de cera caliente sobre Cupido, despertándolo. Psique recibió una sorpresa enorme al darse cuenta que con quien dormía, lejos de ser un monstruo, era un hombre hermoso, perfecto y alado. Cupido sin decir palabra vuela y se sale por una ventana. Psique lo persigue y Cupido le responde dice que cómo puede ser que le repague su amor de esa manera, si él, desobedeciendo a su madre la desposó. Sin embargo, viendo que prefiere el consejo de sus hermanas que el amor de su esposo, no tiene más castigo que dejarla para siempre ya que el amor nunca puede convivir con la sospecha.
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