uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, diceciseis, diecisiete…
DIECIOCHO AÑOS
de tener un mejor amigo… gracias kid, pero ya ve perdiendo el attitude, eh?
a.
uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, diceciseis, diecisiete…
DIECIOCHO AÑOS
de tener un mejor amigo… gracias kid, pero ya ve perdiendo el attitude, eh?
a.
Doce horas de carretera (6 de ida y 6 de regreso), concentrada en las rayitas que dividen los carriles, en no seguirme de frente en la próxima curva y en que mi coche no subiera de 140 kms/hr so pena de rebotar fuera del camino, te dan mucho pero mucho espacio mental de reflexión.
Y es que más o menos así es la única manera que tengo de concentrarme, haciendo varias cosas. Porque tratando de sentarme nomás a hacer una sola cosa, olvídalo. Mi estado normal es el multitasking con distintos grados de éxito, según lo que ande haciendo.
Pero actividades como el mindless doodling (hablando por teléfono, por ejemplo), chatear (mientras avanzo escribiendo algún documento), o manejar para poder pensar más claro, son ejemplos típicos de cómo hay que entretener a un lado de mi mentecita para que el otro pueda ir girando.
Por cierto, manejar y estar en la regadera surten efectos similares para mi focus mental, con la diferencia que estar 12 horas bajo el agua no se me hace tan atractivo como 12 horas de comer kilómetros de autopista nacional (que si, siguen siendo una madre, por si hace rato que no salen y se lo preguntan).
Ahora bien, como les decía al principio. Pues doce horas son un montón de horas para dejar que la mente se libere y haga las conexiones mentales que crea necesarias. Lo triste es que muchas de esas cosas daban para post, pero claro, hoy ya no me acuerdo de todas. Pero una de las cosas que pensaba se relacionaba con las reacciones espontáneas de las personas. Ya he hablado yo de la necesidad que tienen los cerebros de fill in the blanks para poder armar una imagen completa de la realidad. El problema es que en ese momento en el que tu asumes información que no está disponible, sino que te la inventas, puede llegar a generar malentendidos.
Así que este lunes me encuentro con una situación donde yo creyendo ser útil casi provoco que se desarme una relación comercial entre dos personas. Lo más triste es que yo lo hice con la mejor intención, creyendo que estaba ayudando a quienes me habían invitado. Pero cuando me vieron hacerlo pegaron el grito en el cielo, y hasta me acusaron de falta de ética. Me vieron como si mi ayuda en lugar de ayuda fuera un intento muy evidente de robo. Y yo me quedé sorprendidísima de que lo pensaran de tan mal modo, además, siendo mujer, el fulano que se encamionó ni siquiera me dirigía la palabra de lo que yo había hecho y le decía al cuate con el que yo iba que me había invitado, enfrente de mi, como si yo no estuviera ahi. Horrible.
Como yo lo veo es así, este tipejo reaccionó así porqué él así lo hubiera hecho en mi lugar. No hay más explicación. Por ahi dicen, ¿no? que el león cree que todos son de su condición. Ojalá pudiera contarles más detalles, pero ya no me quiero meter en más problemas. La lección aprendida es que incluso las mejores intenciones pueden ser castigadas. O, ten cuidado con quien haces negocios.
En fin
a.
que sea tan agradable, la sutil diferencia de temperatura
a.
Una de los temas que me llaman mucho la atención, aunque no lo domino, es la semiótica. “La semiótica se define como la ciencia general de los signos. Un signo (del griego semeîon) es todo lo que se refiere a otra cosa (referente) y que sirve para comunicar.” Pero por ejemplo, la semiótica estudia cómo es que las personas asocian cosas a significados, como el color rojo al “alto” (como en los semáforos”, o las calaveritas a “veneno” y así.
Total que estaba contestando una encuesta sobre las competencias que debe de tener un egresado de la carrera de administración (a mi no me vean, me lo pidieron de favor) y decía conocimiento sobre el “TQM”.
TQM es total quality management, pero claro, mi cursi mente pensó “Te quiero mucho” que fue mi despedida de rigor de miles de cartitas escritas desde que supe escribir hasta… pues no sé hasta cuando aunque ya casi no lo uso… a ver déjenme pienso… nop, ya lo no uso.
Y hace no mucho estaba teniendo una conversación sobre el grafitti, y como unos amigos alguna vez hace añísimos fueron a pintar la barda del “CNA”, refiriéndome al Centro Nacional de las Artes, pero con quien estaba hablando pensó la Comisión Nacional del Agua. Así es esto, como que tu mente inevitablemente te refiere a tu contexto más cercano.
Como estos dos, hay muchos ejemplos, pero es sólo una muestra de lo difícil que es que la gente se entienda. Por eso será que no lo hacemos. Lo que me recuerda a otra conversación reciente que tuve donde concluimos que en la nueva era las conversaciones son monólogos en compañía, pero sobre eso hablaré más adelante.
En fin
a.
P.S. Mis ejemplos son más de semántica que de semiótica, pero ambas me llenan de curiosidad. De verdad, ¿cómo es que la gente se entiende?”.
Me dicen