Hablemos de Sexo.

Alfred Kinsey fue una figura definitivamente controversial. No habiendo vivido en los cincuentas y por ello doy gracias al cielo (gracias cielo) no me enteré en su momento del asunto revolucionario sexual que causó la publicación de sus libros: El comportamiento sexual en el macho humano que salió a la luz en 1948, seguido en 1953 por, El comportamiento sexual de la hembra humana.
Yo me enteré de Kinsey por la serie de Biography de A&E, en su versión “Mundo”, claro. Me acuerdo que se me hizo muy curioso, porque, si bien tampoco es como que vivimos en una sociedad educada y abierta completamente a la sexualidad, tampoco se me había ocurrido pensar cómo era vivir en una época distinta, con aún menos conocimiento y mucho más tabú. Por ejemplo, me sorprendió ver que el average american compraba a montones este libro, aún y cuando era de naturaleza científica, o sea, lleno de estadísticas, tablas y sin dibujitos. Sé que hay personas que están muy a favor y muy en contra tanto de los libros, como de su autor, sin embargo no podemos negar que fue revolucionario.
En sus libros, Kinsey desnuda (pun intended) el comportamiento tras puertas cerradas de las personas. Su método de investigación fueron las entrevistas para lo cual tomaron miles de declaraciones personales de por toda la Unión Americana, usando un modelo de cuestionario diseñado para obtener información muy completa y muy privada. Se garantizaba la confidencialidad del sujeto tomando notas en clave y asegurándoles que la clave sólo era conocida por los investigadores del proyecto.
Los resultados fueron claramente sorprendentes (incluso increíbles para algunos) y contra aquello que el americano promedio creería que era lo que en realidad sucedía. Kinsey reporta que las personas no tienen sexo solamente dentro del matrimonio y en la posición misionera, por el contrario, estaban teniendo relaciones sexuales dentro y fuera del matrimonio, antes y después de casarse, consigo mismos, con personas de su mismo sexo (con animales, con niños… ahi la dejo).
Ahora si, Kinsey, la película.

Liam Neeson (fantástico) interpreta la historia del Dr. Alfred Kinsey, desde su infancia reprimida por un padre ultraconservador, su incorporación al mundo académico entomológico con una obsesión un poco más allá de científica, hasta su entrada a la arena mundial con sus estudios del comportamiento sexual humano.
Hay una frase que los sujetos entrevistados repiten mucho “¿Soy Normal?”. Éjele, pensé, ese mero es el meollo del asunto. Yo creo que científicamente es correcto estudiar las relaciones sexuales así como es válido cualquier otra área del conocimiento humano. Y Bill Condon, escritor y director de la película, maneja muy bien el avance de la historia para reflejar tanto la visión de Kinsey como un científico frío y alejado de la condición humana del sujeto estudiado, contra el resto de las personas involucradas.
La esposa de Kinsey siempre lo amó, entendió y admiró, desde que fue alumna de él. Pero eso no impidió que saliera utilizada y hasta lastimada. En su búsqueda por lograr la comprensión del fenómeno (siempre más importante el qué hacen que el porqué lo hacen), Kinsey no repara en sus acciones. Izando la bandera de la ciencia, ofende, ignora, usa y abusa. La sociedad lo admira y lo reprueba.
En algún momento dice, refiriéndose a la falta de información sobre la normalidad sexual y el impacto en la declaración de crímenes sexuales:
Everybody’s sin is nobody’s sin. And everybody’s crime is no crime at all.
Para que se den una idea, el día de hoy, en Estados Unidos, hay 9 estados que prohiben el sexo oral, incluso para parejas casadas. Hay como 15 estados que prohíben el uso de vibradores. Sin embargo, es el mismo país donde socialmente se discute libremente la legalidad del matromonio gay. Claro que la legislación sexual absurda no es exclusiva de los gringos, si quieren leer más, aquí y aquí.

Miren, en temas de religión, política y sexo, nunca nos pondremos de acuerdo así que ni intentarle. Ya sabía yo que reseñar esta película iba a ser complejo. Aunque la recomiendo, pero no si son frágiles en sus suceptibilidades.
Finalmente, ojo con el peinadito que le ponen al pobre Neeson, un elemento más que hace difícil que lo tomen en serio.
Eso del final, fue chiste.
a.


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