La vida es demasiado corta para andar leyendo blogs

La rebeldía estúpida

Monday, April 11th, 2005

Hoy a la hora de la comida salió al tema esta anécdota que ahora les cuento a ustedes:

El mero día que cumplí 18 años bien emprendedora tomé mi primera decisión “de adulto”. Sin preguntarle a nadie (mis papás, se entiende) me fui con una amiga al centro comercial para que me hicieran un nuevo agujerito en la oreja. Como que se me hacía muy cool y muy rebelde eso de las chavas que tenían varios aretes en la oreja.

(paréntesis en lo que todos pensamos que esas épocas donde lo más shockeante eran chavas con varios aretes en la oreja, son parte del pasado lejano. Ok, continuamos).

Así que ahi iba yo instalada en rebelde, a llevar a cabo mi deseo, de usar mi dinero, para perforarme mi oreja y que xinguen su maye el mundo y aquellos que quieren controlar a la juventud.

Y llegué, escogí los aretitos y me senté bien feliz conmigo misma a que me tranformaran (je je je).

Ponen la pistola en mi lóbulo y aysumadre como dolió.

Dolióoooooooooooo.

Dolió mucho. Claro que también soy bien chillona, pero sentí como luego luego le dio fiebre a mi orejita y se inflamó y ya no se veía tan lindo como yo me imaginaba.

La señorita de la pistola de la tortura y mi amiga entre muertas de la risa y diciéndome que me aguantara y que me dejara de mover para que me pusieran el de la otra orejita. Y yo así de neeeeeeeeeeeeeel pero ni a patadas que me dejo.

Y no me dejé.

Y salimos de ahi a mi casa y en el camino de regreso venía pensando que para ser mi primera decisión de adulta fue una decisión muy pendeja y que seguramente ese era el tipo de cosas a las que se referían cuando decían que en el pecado está la penitencia.

El día de hoy ya no uso el segundo arete y creo que hasta cicatrizó la aventura, queda una marca chiquiiita chiquiita. Pero lección aprendida.

En fin.

a.

Distracciones

Monday, April 11th, 2005

La verdad es que soy bien pinche distraída. Ya lo he comentado antes porque es un fenómeno que me pasa seguido. Más aun cuando traigo en la cabeza algo a lo que le estoy dando vueltas, ya sea repetirme una idea para no perderla (como que no se me olvide mi cita del doctor de la tarde) o bien algo más abstracto que anda ocupando el CPU.

El caso es que hoy salí de mi casa sin prisa, pero sin celular (que siempre traigo cual correa de perro), me salí sin los documentos que iba a trabajar hoy — así que ando haciendo otra cosa, y además tuve la puntadísima de levantarme, servirme agua caliente para prepararme un thecito, y gracias, cuando iba a la mitad de la taza me di cuenta que en la mano aun tenía el sobre del the y que me estaba saboreando una riquísima taza de agua caliente.

Me di cuenta, me rei de mi misma y mis locuras y me fui a servir más agua ahora si para prepararlo como Dios manda y la verdad es que sabe igual de chafa que el agua sola, pero bueno, es para mantenerse hidratada en estos calores de oficina.

Mi madre diría, “ay alice, pero en dónde traes la cabeza”.

No lo sé, mami, no lo sé.

a.

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