los besitos
que tienen tema
que tienen ganas
que saben a menta
que saben que nunca fallan
me sorprenden y me gustan
a.
los besitos
que tienen tema
que tienen ganas
que saben a menta
que saben que nunca fallan
me sorprenden y me gustan
a.
Creo que tengo una especial fascinación con los elevadores. O por lo menos, de escribrir sobre ellos. Tengo unas pequeñas anécdotas.
Una es que estábamos tres personas esperando en la planta baja al elevador. Una parejita de chavitos y yo. Y ellos estaban concentrados en un pleito pasional intenso pero de poco volumen. Yo estaba concentrada en no derramar mi capuccino frio y en saber de qué demonio era el pleito (oh conversaciones ajenas). Llega el elevador, se abren las puertas y nos metemos los tres. Se cierran las puertas, pasa tiempo y como que no llegamos al piso que íbamos. Es más ni nos habíamos movido. Ellos clavados en su pleito y yo clavada en entender de que iba el drama, ¡a ninguno se le había ocurrido pusharle al botón! Ejem, ejem. Si sentí un poco de pena.
La otra que me pasa seguido es que me bajo del elevador en cuanto se abre la puerta, sin importar si se abrió en el piso al que quiero llegar. Así que voy por la vida saliéndome antes o después de mi piso destino. Mento un poco de madres. Me rio de mi capacidad de abstracción y o regreso humildemente al elevador o de plano me voy por las escaleras. Eso si depende de qué tan lejos me haya quedado.
Y finalmente, contaré una más, también muy típica y es de que al contrario de la anterior, a veces me subo al elevador y en lugar de pusharle el botón del piso al que voy, le pusho al botón del piso en el que estoy. Esto causa confusión en ambos, el elevador y yo. Porque las puertas no se cierran y yo pienso ¿pues qué demonios? Claro que después de un rato, generalmente no muy largo, me doy cuenta y corrijo la acción.
Luego la gente se sorprende cuando caminando me embarro contra puertas de vidrio y postes de luz.
En fin
a.
Me dicen