Muy muy cerca de mi casa me queda un Starbucks. Así que muchas veces de camino a la oficina o donde sea hago una pequeña escala por un café (latte, por favor).
La rutina es casi siempre la misma. Agarro el coche en la casa, me bajo rápido, pido el café para llevar, me subo al coche me voy.
Claro que el Starbucks en cuestión está localizado bastante pinche porque está en una esquina de una gasolinera, compartiendo terreno con ellos. Aunque si lo ignoras, la verdad es que el problema es por ejemplo, con la estacionada. Hay algunos lugares y en general se estacionan de a dos por lugar, así que pusieron un servicio de valet para los coches. El valet es la misma persona siempre, menos los domingos que nadie te estaciona el coche.
El caso es que después de verme diario ir por mi café, pues el tipo está en la puerta, te empiezas a saludar, ¿no? Pero como es rarísimo que me quede a tomar en café, pues nunca le dejo mi coche. Los días que si me quedo lo más seguro es que busque donde estacionarme yo.
En fin, ahora si la anécdota. Resulta que un sábado llego al café, me meto, lo pido, me siento a leer el periódico. Cuando acabé de leer el periódico me puse a leer una revista que traía. Cuando me aburrió la revista dije bueno ahora si me voy a mi casa y salgo del lugar. El tipo muy amable me dice, “hola señorita, ¿le traigo su coche?” y yo así despistada le digo, “si, gracias” y me quedo ahi paradita esperando a que me traigan el coche…
… hasta que me doy cuenta que ese día justamente había decidido irme caminando.
Triste, pero cierto.
a.

Me dicen