Así como de pronto tengo sueños intensísimos, varios de los cuales se han relatado en este su bloguito, así de la nada, me llegan ideas, colores, fechas, pensamientos, frases, personas, etc., a la mente y ahi se estacionan (o anidan, la que les guste) y dan vueltas y vueltas y vueltas.
Por ejemplo, últimamente me he acordado mucho de mi abuela, la mamá de mi papá. Y de ella haciendo algo específico, que es meternos una señora madriza de aquellas a mí y a mis primos jugando matatenas.
Y es que era buenísima. Buenisísima. Desde que me acuerdo que la reconozco en mis memorias y hasta la última vez que la vi (como 3 meses antes de que falleciera, corriendo el año de 1996) se sentaba en el suelo junto con quien la retara al juego. Me enseñó a jugar a mí y a todos mis primos hermanos, mis primos más lejanos. Sospecho que también jugaba con mis tíos y tías cuando ellos aún se animaban a sentarse en el suelo. Y ahí estábamos horas. En el juego tiras las matatenas que vienen en paquetitos de 10 o 12 y las mejores son las de metal sin rebabas. Y después las vas recogiendo, con una sola mano, de una en una, de dos en dos, de tres en tres y así hasta que las recoges todas de un jalón. El chiste es que tienes que hacerlo en el tiempo que dura el rebote de una pelotita de hule y además tomar la pelota en la misma mano con la que recoges las matatenas. No debes de mover una matatena que no recoges y no deben de salir volando de tus manos, porque pierdes y tienes que ceder el turno a la otra persona. En lo que aprendes es entretenidísimo y a la vez frustrantísimo irle midiendo a la velocidad, altura y distancia de la pelota así como la técnica de la muñeca para aventar las matatenas y que caigan al piso de cierto modo que mejor permita recogerlas.
Les repito. Mi abuela era buenísima. Siempre perdíamos. Creo que si le llegué a ganar, fue en poquísimas ocasiones y pensándolo hacia atrás a lo mejor hasta sucedió que me dejó hacerlo. Ella lo que hacía es que tomaba el último turno, pero de todos modos se la aventaba de corridito de uno a diez o hasta doce.
Ahora que ando escribiendo sobre ella, me llegan otros recuerdos. Por ejemplo, en el viaje que menciono en el que la vi por última vez, tuvimos buenísimas conversaciones, una sobre qué hace a un hombre atractivo, junto con la decepción que Saúl Lizaso no tiene en la vida real la voz que tenía en los comerciales de… chale, ¿en qué comercial salía? Hmmm, creo que era de algo alcohólico ¿no? Bueno, ahi si saben me dicen.
Luego, en los viajes que hacíamos se sentía orgullosísima de saber decir en inglés: “I don’t speak English” así como “Restroom”, pero así nomás la palabra, no la frase completa de dónde está el baño. De todos modos le entendían, supongo que era que lo decía mientras que con urgencia señalaba con el dedo por todos lados. Y miren si visitó baños cuando estábamos de viaje. Creo que todos y cada uno y alguno dos veces o más.
Y, ¿cómo olvidar la gran joya de la sabiduría del shopping? Algunos me han de haber oído decirla, pero, cuando íbamos con ella a Estados Unidos nos decía “donde diga SALE, entran”.
Claramente, la extraño.
a.










Me dicen