Durante buena parte de mis 29 años me asaltó la conocida “crisis de los 30″, que me cuentan que es socialmente esperada y común cual margaritas silvestres.
En mi caso se manifestó como una duda constante de “¿qué he hecho con mi vida?” seguida de un contundente “nada“.
Y así han ido pasando los meses y el pensamiento rondaba mi cabecita una y otra vez. Salía cuando estaba conmigo, salía cuando estaba con amigos. Se conversó sobre el tema una y otra vez.
Hoy inicié mis celebraciones de cumpleaños (gracias por mi regalo, Carito). El año pasado pensé que iba a hacer la madre de todos los festejos. Luego pensé no hacer nada. Por fin y gracias a un pequeño “empujón” que me recomendaba no dejar pasar la fecha desapercibida, me estacioné en medio. Una celebración medio enmedio de ambos extremos, pero estoy segura que me la voy a pasar increíble. Especialmente, porque hay mucho por lo cual celebrar.
Entonces me encuentro hoy ya con un pie a punto de cruzar a los tan temidos treintas. Y es apenas ahora que les dejo de temer. No sé, como que me llegó ya la certeza de qué es lo que he hecho estos años. Y todo lo que ha valido la pena vivir lo que he vivido para ser lo que soy.
Un poco el resumen de cómo sucedió, sin poder contar exactamente el impacto que entender esta idea tuvo sobre mí, versa más o menos así, durante tus primeras dos décadas eres un producto de tus padres. La genética, la educación, las circunstancias que no decidiste pero en las que te encuentras son todo aquello que te forma y que te hace ser quien eres. Eres producto de los demás. Cuando entras a los veintes, empiezas apenas a tomar camino. Pero aún eres producto de los demás, porque apenas es en este momento en el cual todo aquello que te ha formado se pone en práctica. Pero es apenas al final de los veintes y en los treintas. Más hacia los treintas, que eres un producto de tí mismo.
Ser un producto de tí mismo es estar claro de tu camino, de tus decisiones, de tus aciertos y tus errores. Ya entiendes más claramente todo el condicionamiento originado por tu circunstancia, ya sea social o genética. Digamos que ya sabes, por lo menos, como funciona. Pero tú ya eres un producto de tí mismo, ser producto de alguien más quedó en el pasado. Y, pues yo no sé ustedes, pero a mí eso se me hace emocionante.
Ahora bien, la madurez, el avance, el camino individual, la vida que te toca vivir, de ninguna manera se vive en pedazos conformados con inicios y finales marcados por las décadas. Pues ni que la vida fuera un pastel perfectamente rebanado. Y, sin embargo, esto de los cumpleaños con cero (10, 20, 30…) de alguna manera son más impactantes que el resto.
Así que un poco de madrazo me cayó el veinte de que claro que he hecho algo con mi vida, claro que he tomado y dejado algo en aquellos que me han conocido, aquellos a quienes he dejado acercarse, aquellos quienes ya no están en mi vida, incluso quienes afectaron apenas de manera tangencial. La verdad, verdadera y profunda, es que soy una personita muy afortunada, rica en amigos, con una buena familia, con ciertas características que me permiten estar orgullosa de quien soy y de quien puedo ser aún, y pues además, ando viviendo un momento muy muy muy feliz.
Los caminos suelen ser difíciles, pero los pequeños destinos han sido maravillosos.
a.





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