Llevo como un mes, pero intensamente las últimas dos semanas, y aún más intenso la última semana, haciendo un plan de negocios para presentar en un concurso.
Un amigo que ha visto el proceso desordenado que es realizar el diseño de una empresa nos llamó “genios de garage”, más porque le dijimos que HP empezó en un garage y Dell en un dormitorio de la universidad de Texas (de donde soy exalumna, por cierto).
La intensidad de estar metida en la coputadora, rodeada de envolturas de galletitas y pastelitos ya muertos, tazas de café llenas, vacías y semivacías, botellas de agua igual, la misma ropa de ayer, despeinada y con cara de ya no quiero ver un número más del estado financiero, pero con el entusiasmo de quien cree que su idea va a ser exitosa, me hizo pensar en este título de “genio de garage”.
Ojalá.
Yo siempre he creído en la creación empresarial. Y hasta tuve la oportunidad de enseñar la materia, pero hacía mucho que no me enfrentaba a tratar de explicar el algo de la nada. Es difícil, y es enviciante. Y pues como somos muy ambiciosos y perfeccionistas ahi hemos andado metiéndole.
Hoy que llegué a mi casa venía justo llena de emoción derivada de la creatividad empresarial, el génesis y gestión de algo nuevo, innovador y que, esperemos, nos de un xingo de lana. Y en ese estado de emoción me encuentro a una bola de niños vendiendo dulces afuera de mi casa. Pero nada de que los andan vendiendo de la caja, nooooo. Estos decidieron apañarse una de las banquitas que tenemos en el jardincito de la entrada del concurso y hasta le pusieron nombre. Se llama “Tienda Dorada” y su publicidad, de acuerdo con el nombre de su empresa es una hoja de papel bond escrita en amarillo. Está de peloooooos!!!! Viene el nombre de la empresa, qué venden y está decorada con estrellas…. o bueno, intento de estrellas.
Ja ja ja, eso si que me emocionó tanto o más que mi propio negocio. Me acuerdo que yo de chavilla también vendí lo que me encontré. Típico los dulces de las piñatas de las fiestas (costo cero, eso me doy cuenta ahora), también llegué a vender lápices, estampitas, flores, chocolates, panquecitos que yo cocinaba, tarjetas navideñas… lo que se me ocurría. Limonada agria en la puerta de mi casa. Y algunos tenían publicidad y muy similar en su sofisticación a la de los niños estos. Así que si me permiten, ya les conté y ahora voy a ir a darles mi apoyo vía compras de dulces. Ah y a regresar al plan de negocios que está en su fase final final.
En fin.
a.
Me dicen