Cuando recién salí de la carrera y tuve mi primer trabajo de tiempo completo me di cuenta que yo era una máquina de trabajar.
Todos los días, desde tempranito, sábados, domingos, festivos y familiares. Había pasado un periodo de alejamiento de mis amigos por lo cual mi vida social era cero, mi vida emocional estaba en negativos, me acuerdo decir que si yo iba a conocer a alguien con quien salir tendría que llegarme a la oficina y pues mi vida familiar en ceros, menos los cumpleaños.
Y así fue un par de años. Pregúntenles a mis cuatitos si no, si querían hablar conmigo, así fuera un domingo a las 7 de la noche me encontraban en la oficina.
Cuando empecé la maestría ya se puso más peludo porque tenía que dividir el tiempo entre el trabajo en plena transición gubernamental (yo estaba en una AC pero subsidiada por el gobierno, para fines prácticos igual se nos subió la chamba en esa época) más mi chamba regular más la maestría. No pude, me enfermé, tuve amenaza de infarto a los 25 años, me monitorearon mi corazoncito diario como un mes y luego decidí que el trabajo o la maestría. Escogí el trabajo y me di de baja temporal del MBA.
Meses después, en un arranque de mi jefa de quiero más dinero y ya no me sirves, me corrió. Justo yo habia regresado a la maestría y ahora fueron estudios sin trabajo. Y me quedé sin trabajo un buen rato, acabé la maestría (de dos años en tres) y luego ya entré a trabajar.
Y pasé dos años en ese trabajo donde ni cerca habia que trabajar los domingos, salir tarde entre semana o hacer esfuerzos irracionales. Trabajo normal, pesado si quieres, pero se podía hacer perfectamente en 5 horas concentradas. Y ahi, después de un año de sólo estudiar me acostumbré a trabajar pocas horas.
Luego de ese trabajo también “me corrieron” del puesto, pues, en la organización seguí y me mandaron a lo que se llama “la congeladora” donde trabajas un poco, nadie te hace caso, pero te siguen pagando hasta que llega una reducción de plantilla y te corren definitivamente. Todo eso pasó, con la consecuencia de que estuve como 8 a 10 meses trabajando 5 horas a la semana.
Exagero, eran como 3 diarias, pero no siempre. Asi que me acostumbre a hacer todo en poquísimo tiempo.
Pero ahora viene mi chamba nueva donde de trancazo hay días de 12 o 14 horas, que en principio no tengo ningún problema, pero ayer que terminé a las 9 y estaba en Reforma y aun me tocaba una hora para mi casa (fueron 50 minutos) y había que llegar, ver cosas de la casa, contestar mails e imprimir unos informes. Me di cuenta de golpe que no estoy acostumbrada aun a este ritmo!!! Y es que si lo sentí violento porque yo ya venía cansada de un día pesado en campo (el campo es mucho más salvaje que la oficina y días de oficina tengo uno a la semana) y claro luego llego abro la computadora y mails de mi jefe con chamba urgente.
Ahora mismo andan viendo qué de las actividades planeadas para hoy me cambian con tal que nos de tiempo de hacerlo todo, pero el día tiene pocas horas y es hora de que esta niña salga, habiendo desahogado su falta de práctica para estar horas y horas y horas y horas en el trabajo y que no acabe como los otros y empiece el día siguiente sino que parezca un continuo.
Todo esto lo escribo porque quiero ver ahora que agarre rutina cuanto tiempo tardo en reirme de mi misma y ser chilletitas de trabajar 4 horas más de las que yo creía cada día. Más traslados.
En fin, que tengan buena semana, que es corta gracias al cielo!
a.
One Response to “Reacostumbrarse”

eso de acostumbrarse es todo un rollote . . . pero no le hace, al final de cuentas cuando es por gusto y no tanto por necesidad cuesta menos trabajo
sea pues.