El fin de semana pasado dormí mucho. Creo que estaba recuperando el sueño perdido de tantas noches de insomnio que me ha llevado preguntarme porqué, en el mundo laboral, pareciera que los pendejos prosperan.
Es un fenómeno que se repite, año con año, industria con industria. Pasa en el sector público y en el privado, y es gran fuente de inspiración para Scott Adams en las vivenvias de su personaje Dilbert.
La última vez que tuve la oportunidad de ver este fenómeno de cerca fue en el sector académico. Siempre me sorprendió. ¿Cómo es que personas que parece no tener las habilidades suficientes para el puesto que tienen, lo tienen? ¿Cómo lo conservan? ¿Qué está pasando allá arriba cerca de los Olimpos Organizacionales?
Entonces, la semana pasada vino una revelación. Me contaron sobre el Principio de Peter, que no es una teoría nueva, pero es nueva para mí y me ha dado mucha paz mental.
OK, acá va el resumen del principio (de Peter): Si alguien hace bien el trabajo que tiene actualmente se le premia promoviéndolo al nivel siguiente, si haces bien ese trabajo te promueven al siguiente y asi hasta que llegues al límite de tu incompetencia, o sea, ese puesto donde ya no te desempeñas bien, o el techo de tu carrera o el nivel en el que ya no puedes ser recompensado con promociones al nivel siguiente.
Ahora bien, no siempre es una cuestión de que seas un mal empleado, sino que probablemente las exigencias del puesto nuevo sean muy diferentes a las actuales. Lo que sucede aquí es que el grupo de habilidades con el que te desempeñabas en el puesto anterior son muy diferentes a las que necesitas en el puesto nuevo.
Piensen en un excelente vendedor que lo promueven a gerenciar a otros vendedores. Ya no es excelente en lo que hacía (ventas) y quién sabe si sea bueno en administrar y motivar gente. Más aún, probablemente gane menos dinero porque las posiciones de ventas generalmente vienen asociadas a un bono por desempeño.
Lo mismo con un gran trabajador de planta que lo promueven de la máquina a ser supervisor. No hay garantías de que pase de ser un excelente operador a un excelente supervisor.
Esto frustra a las organizaciones completas porque al que promovieron no le gusta pasar de ser una estrellita a ser un imbécil y nadie quiere tener a un imbécil como su superior.
Entonces inician las trampas de la competencia. Esto es, los trabajadores se mantienen en un nivel inferior a su máximo posible para mantener las expectativas de su jefe en un nivel moderado y para tener qué mejorar a la hora de las evaluaciones de desempeño.
Por el otro lado, cuando promueven a alguien de un nivel al siguiente puede ser más incompetente a propósito, para evitar los celos de los compañeros pares del nivel inferior, los que no fueron promovidos y ahora tienen a un compañero por jefe.
Por último está el caso contrario y es el filtro de las habilidades gerenciales. Muchas veces las personas mejor preparadas para un puesto gerencial o de mando, son las que se desempeñan peor en los puestos administrativos. En las organizaciones jerárquicas, todos los empleos de inicio o primer nivel, a los que aspirarías recién egresado de la carrera, digamos, son operativos. Si tus capacidades son de jefe, seguramente te desempeñes mal operativamente causando tu salida de la organización, más que la promoción a un nivel superior donde tus habilidades serían mejor empleadas.
En fin, el problema sigue siendo que hay que trabajar para vivir. Si no, seguramente yo ya andaría en otras cosas.
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