Me pasó algo chistosón. De todas las palabras que uso para describir mis actividades frecuentes la fotografía nunca es parte de ellas.

Ayer me llegó una solicitud de autorización para usar una de mis fotografías que tomé en el Mar Muerto para un documental y me dio muchísimo gusto, en especial porque mis fotografías son tan poco profesionales como las de un niño que se roba la cámara de su papá. Pero bueno, alguien en algún lado verá por unos segundos la imagen que yo tomé en un contexto “espiritual” porque de eso es el documental famoso.

Je je je

-a-



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