Últimamente le he puesto mucha atención a las cosas mundanas que suceden que parecen tener significados mucho más profundos, o mucho más personales.
Por ejemplo, hoy me compré un café latte frío con leche light y un shot adicional de expresso. Es mi café favorito del Starbucks y lo disfruto muchísmo.
Así que hoy a las 9 de la mañana que lo compré era un delicioso café a la temperatura correcta y con un excelente sabor.
A las 6 y media de la tarde que me fui para mi casa mi vaso seguía ahi en el coche (me bajé con prisa, dénme chance) y ya no era el delicioso café de la mañana, sino una mezcla asquerosa de leche licuada por hielo derretido con un toque de color café asqueroso.
Muy como algunas relaciones, ¿no? Empiezan deliciosas, justo lo que deseas, las disfrutas. Y con el paso del tiempo, como no las tiraste a tiempo se convierten en una masa amorfa e indistinguible, nada que ver con aquello que hace poco tiempo, tan poco que aun lo recuerdas, era delicioso.
Después de sacarle la foto para poder ilustrar mi post, de modo increíblemente poco ceremonioso lo tiré a la basura.
-a-




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