Durante la segunda mitad del año pasado andaba buscando todas las curas posibles a la tristeza.
Un día escogí comprarme unos bambucitos de esos chinos y fui al mercado de flores y escogí dos que ya estaban grandes, como 20 cms de tallo y como 2 vueltas en lo torcido de arriba. Y les puse del alimento ese de colores (rosa) y lo puse en un vaso grande (a falta de florero) y lo puse en mi cuarto para alegrar la habitación con algo vivo.
Puse el vaso en mi buró junto a la cama, según yo para tenerlo cerca. Un día, muy poco tiempo después de haberlos comprado me di cuenta que se habían recargado contra el foco de la lámpara. El daño fue el siguiente.
Uno de ellos perdió todo su churrito (el de las vueltas de arriba), estaba todo quemado, amarillo amarillo. Entonces, pensando en salvar lo que quedaba le di un tijeretazo al final del primer tramo, justo abajo de donde empieza a torcerse. El otro sólo perdió el bracito, el que sale de los anillos color beige que tiene cada equis tramo de lo verde.
Estuve a punto de tirarlos a la basura e irme a comprar unos nuevos, pero como fue una compra emocional en un momento emocional, los alejé de mi lámpara y los puse en mi ventana, les cambié el agua, les cambié el alimento y pasó el tiempo.
De vez en cuando me acercaba para asomarme a ver si se ponía más amarillo o más verde. El pobre que está a la mitad tiene su cabecita toda quemada y seca, pero esa por el tijeretazo más que por el recargón a la lámpara.
Y un día que estaba pasando por enfrente de mi ventana lo voltée a ver y estaba así:

¡Yey! :)!!! Le empezó a salir una hojita nueva que se iría convirtiendo en un bracito. Y me llegó a la mente la linea que puse como título (que es como acaba el libro de Jurassic Park de Michael Crichton). Y me dio tanta emoción que siempre no estaba rete muerto mi pobre bambucito que decidí ponerlo en un post y sacarle la fotito.
Ahora bien, en eso a mi me agarró la vida y la loquera. Y no había tenido tiempo de postearlo, así que la foto se quedó acá en el escritorio de la compu y de vez en cuando la abría y pensaba que a lo mejor ya era momento de escribirlo y la verdad es que no se me había dado.
Pero esta semana, de nuevo pasando por mi ventana vi que ahora el bracito ya estaba así:

Y además su compañerito de vaso ya está haciendo lo mismo, se tardó mucho más, pero ahi va:

Hay algo de sabiduría que aprenderle a esto, un ejemplo claro de la primavera y la renovación y de que life, always, finds a way.
Feliz semana
-a-